La frase “lo perfecto es enemigo de lo bueno” se repite en reuniones, proyectos y conversaciones cotidianas. Sin embargo, su verdadero significado es mucho más complejo que una simple invitación a conformarse. En realidad pienso que esta afirmación es profundamente situacional y su validez depende del contexto, los objetivos y los riesgos asociados a cada decisión.
1. Cuando la perfección paraliza
En muchos escenarios, buscar la perfección puede convertirse en un obstáculo. Por ejemplo:
• Proyectos tecnológicos: una universidad decide retrasar la implementación de un portal de trámites en línea porque “aún no tiene todas las funcionalidades soñadas”. Mientras tanto, los estudiantes siguen realizando gestiones presenciales innecesariamente. En este caso, una solución buena y funcional hubiera generado valor inmediato, y siempre habría espacio para iterar.
En este tipo de contextos, “lo perfecto” deja de ser aspiración y se convierte en barrera, mientras que “lo bueno” es una palanca para avanzar.
2. Cuando “bueno” no basta
No obstante, también hay situaciones en las que aceptar solo lo “bueno” puede ser peligroso:
• Medicina: en una cirugía de alto riesgo, no basta con que el procedimiento sea “suficientemente bueno”. Se requieren estándares de excelencia porque un error mínimo puede tener consecuencias fatales.
• Ciberseguridad: implementar una protección “aceptable” en una institución financiera podría dejar grietas explotables. Aquí, la perfección no es capricho; es una necesidad que protege activos críticos.
En estos casos, lo perfecto no es enemigo de lo bueno, sino su complemento, porque elevar el estándar puede ser la diferencia entre el éxito y el desastre.
El equilibrio pragmático
La clave está en entender que esta frase no debe tomarse como un dogma universal, sino como una guía contextual:
• Cuando la velocidad y la iteración generan valor: elegir “lo bueno” primero y mejorar después.
• Cuando el riesgo de fallar es alto: aspirar a lo más cercano a la perfección desde el inicio.
• Cuando se requiere innovación: aceptar que la primera versión nunca será impecable, pero servirá como base para evolucionar.
En otras palabras, se trata de aplicar un criterio pragmático, saber cuándo es momento de entregar, cuándo es momento de pulir y cuándo es momento de exigir estándares más altos.
Conclusión
La frase “lo perfecto es enemigo de lo bueno” no es un llamado a la mediocridad, sino una advertencia contra la parálisis. Es una invitación a reflexionar antes de actuar: ¿estamos demorando algo útil por miedo a que no sea perfecto? ¿o estamos poniendo en riesgo algo crítico por conformarnos con lo “suficientemente bueno”?
En esa tensión se juega gran parte de nuestra capacidad de liderar, decidir y avanzar. Porque, al final, ni lo perfecto ni lo bueno son absolutos, solo el contexto dicta cuál de los dos debe guiar nuestros pasos.
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